jueves, 7 de diciembre de 2017

No era Berlín ni El Colón.Era Apartadó

Dos momentos estelares  durante  la presentación de la Orquesta Filarmónica  en Apartadó

Un público que respondió con mucha dedicación y atención


Crónicas del Camino
Por: Wilmar Jaramillo Velásquez
para EL PREGONERO  DEL DARIÉN

No era una encumbrada sala de ópera en Berlín, ni tampoco el clásico teatro Colón de la capital, sencillamente era Apartadó, en ese Urabá que los medios de comunicación suben a sus titulares cada que hay dificultades en el orden público, y en épocas no lejanas cuando las masacres azotaban sin misericordia la zona, pero que han sido mezquinos a la hora de mostrar sus grandes potencialidades. Era Apartadó con medio siglo a cuestas, una ciudad joven llena de esperanza y de futuro. Allí estaba la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Antioquia, reluciente en todo su esplendor, con ese guardián de la música colombiana, Eduardo Carrizosa al frente, como director invitado, y a su lado, la más grande de las artistas que ha producido esta patria en el último siglo. La maestra del piano, Teresita Gómez.
El maestro Eduardo Carrizosa Navarro, dirige  
su orquesta con el imponente Cristo al frente
El escenario, la iglesia Catedral de Apartadó atiborrada de público de todos los colores y todas las condiciones sociales. No había protocolo, y la pinta era lo de menos, demasiada informalidad para tremenda solemnidad de música y de músicos. El puro pueblo se había concentrado para asistir una de las misas más extrañas en esta catedral. El culto a la música.

Era el cierre de la temporada de conciertos 2017 programados por la Universidad de Antioquia, aprovechando, el cumpleaños número 50 de Apartadó, además del primer año de actividades de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Antioquia. Todo era fiesta y se combinaba con el día de las luces o de la Virgen María como le llaman otros a los días siete y ocho de diciembre.

La exquisitez del menú no podría ser mejor: Inicia con Obertura al Murciélago de Johann Straus, sigue Concierto para Piano N. 21 en Do Mayor de Mozart, con Teresita  Gómez como solista, prosigue, Suite del Ballet, El Cascanueces de Tchaikovsky: Obertura Miniatura, Danza Árabe, Danza de los Mirlitones y Danza Rusa Trepak, más adelante Suite de Villancicos de Arthur Harris, para cerrar con dos himnos nacionales de la música colombiana: Mi Buenaventura-Currulao de Petronio Álvarez y Colombia Tierra Querida, del maestro Lucho Bermúdez.
Con gran respeto y agradecimiento, el maestro Eduardo 
Carrizosa Navarro, hace la venia a su público
El público vibró de comienzo a fin, pero serían los dos últimos temas, los colombianos quizá por la familiaridad de los ritmos, lo que produjo la explosión de júbilo entre los asistentes, quienes de pie ovacionaron a la orquesta y a su director y se negaban a dejarlos ir, exigiendo más música, pese a lo prolongado de la estadía en el recinto, donde la temperatura subía al tono de las notas musicales.

Apartadó, se dio el lujo de tener al maestro Eduardo Carrizosa Navarro, dirigiendo en su terruño, quien fuera director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, director asistente de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y de la Orquesta Sinfónica de Colombia, director titular de la Banda Sinfónica Nacional, Banda Sinfónica de Bogotá y director del Departamento de Musicología de la Escuela Superior de Tunja.
Teresita Gómez, la artista más 
 querida por los colombianos
Como si lo anterior fuera poco, esta tierra de banano y plátano, de historia reciente, con 50 años a cuestas, recibe a la más grande de las artistas para que interpretara el piano como solamente ella lo sabe hacer. Maestra de maestras, Teresita  Gómez, la artista más popular y reconocida por los colombianos, con un amplio historial de presentaciones en Cuba, Brasil, México, Berlín, París, España, Europa Oriental y diversas capitales del país.

Teresita  Gómez tiene un grado de concertista de la Universidad de Antioquia con reconocimiento Summa Cum Laude y la Universidad Nacional de Colombia le otorgó el doctorado honoris causa, entre otras muchas distinciones que ha recibido a lo largo de una carrera artística que ya cumplió seis décadas.

De los jóvenes músicos de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Antioquia, ni hablar, un cúmulo de talentos, virtuosos y férrea disciplina, quienes lo dieron todo para que este concierto se convirtiera en el mejor regalo para Apartadó durante sus 50 años.
El público  de Apartadó, gran 
protagonista durante el concierto
La noche del conciertazo marcó dos momentos estelares para los presentes, cuando la Orquesta interpretó Mi Buenaventura del llamado “Rey del Currulao” Petronio Álvarez, inmortalizado con el festival que lleva su nombre y el inolvidable maestro Lucho Bermúdez con su Colombia Tierra Querida, una de las canciones más emblemáticas de los colombianos. “Eriza la piel escuchar estos dos nombres a lado de un Tchaikovsky, de un Johann Straus, o de un Mozart” Exclamó ebrio de emoción, Darío Escobar Roldán, un experto en música colombiana, mientras aplaudida, sin pausa y se empinaba para observar los rítmicos y ordenados movimientos del maestro, Eduardo Carrizosa.
La interpretación de  canciones como Mi Buenaventura
 y Colombia Tierra Querida, hicieron vibrar a  los asistentes
El otro instante, el emotivo encuentro del maestro de la acuarela, Julio Carlos Angulo, con la pianista, Teresita  Gómez, ella había estado en una de las exposiciones del pintor y al culminar el concierto la sorprendió con la entrega de uno de sus cuadros. La alegría de ambos cerró con broche de oro, un concierto que quedará registrado en la historia de Apartadó, por todo lo que encerró, sus músicos, su director, la pianista y la congregación de un público que no cesó de vibrar, un solo segundo.
Uno de los momentos  más emotivos, el encuentro entre
  el maestro, Julio Carlos Angulo y la pianista,
 Teresita Gómez, a quien le regaló uno de su cuadros

Apartadó- Diciembre de 2017.