domingo, 10 de diciembre de 2017

La sociedad que seremos

El mundo no termina de salir del asombro, de como una sociedad acorralada por la violencia, termina votando por los jinetes de la horrorosa historia de más de 50 años de derramamiento de sangre.


Por: Por Félix Amín Tobar Tafur
Especial para El
PREGONERO DEL DARIÉN

Se ha puesto de moda la pregunta si somos o no una sociedad enferma. Yo creo sin lugar a equivocarme que sí. Porque una sociedad cuando es incapaz de autorregularse, auto controlarse o auto reformarse, tiene serios síntomas para caer en la anarquía total. ¿Cómo explicar que hayamos perdido la capacidad de asombro en los diferentes órdenes?

Para citar algunos casos que sirvan de reflexión, como lo sucedido con el plebiscito por la paz del país. El mundo hoy no termina de salir del asombro, de como una sociedad acorralada por la violencia política, económica y social termina votando por los jinetes de la horrorosa historia de más de 50 años de derramamiento de sangre, negándole a estas y las futuras generaciones vivir en un país donde crezca fecunda la semilla de la convivencia, la tolerancia, el respeto por la vida humana y encontremos dentro del legado de ésta sociedad mecanismo para superar nuestras diferencias sin necesidad del exterminio del otro. Cómo no aprovechar esta coyuntura para cambiar nuestro modelo económico, buscando mayor equilibrio y distribución del ingreso, como no abordar el tema de reforma agraria para que las tierras vuelvan a manos de quienes la cultivan y hacer del campo colombiano una verdadera locomotora de desarrollo, cómo no encontrar mecanismo de sanción y control ciudadano de los políticos corruptos y obligarlos a devolver las fortunas que han desfalcado del erario público, cómo no fortalecer el poder local, el derecho de las comunidades a sancionar las cosas mal hechas.

Porqué como sociedad permitimos que sean grupos al margen de la ley los encargados de impartir justicia y a esos grupos acatamos, respetamos y en lugar de cumplir nuestros compromisos con el fisco nacional, pagando los impuestos, terminamos alimentando las mafias que van suplantando la justicia, la ley y la sociedad. Porqué salir a votar emberracados contra la paz, pero permisivos y tolerantes con la corrupción la politiquería y los bandidos de cuello blanco. Porqué colocar en la picota pública a quienes tienen ideas diferentes para producir transformaciones que requiere el país y salimos a corear tildándolos de comunistas, izquierdistas y aliados del terrorismo, mientras seguimos respaldando a los responsables de 200 años de desastres que hoy quieren colocar sobre los hombros de quienes hemos vivido marginados del poder.

Debemos derrotar la cultura de la muerte, debemos impulsar la política de la vida, debemos arrebatar a los medios permisivos de comunicación que se han nutrido de la violencia en Colombia, para que en lugar de titulares de muerte, destrucción y violencia los engalanen con titulares de contenido para que la vida sea el derecho supremo, la paz una cultura de la sociedad y el desarrollo una bandera de todos.

Si trabajamos sobre estos imaginarios, si creamos conciencia ciudadana, si a través de la autorregulación y el control social le cerramos el paso a las cosas mal hechas, con seguridad vamos a derrotar todos los males que tienen enferma la sociedad colombiana, que ha entrado en una fase de volver diabólico a García Márquez, negar las atrocidades de la historia por la que hemos vivido y salir de la ceguera con la que quieren mantener al pueblo colombiano, para mantenerse otros 200 años en el poder. Para eso necesitan enferma esta sociedad y tenemos la obligación no solo de denunciarlo sino de salirle al paso de semejante barbaridad.

Necesitamos sumar voluntades, necesitamos agruparnos no ha defender colores o ideologías sino en intereses comunes que nos identifiquen en nuestro barrio con nuestro vecino, con nuestra familia, con nuestros compañeros de trabajo, en las universidades con nuevos imaginarios de los jóvenes, hasta que podernos reinventar y salir del cuadro clínico que presentamos los colombianos. ¡Animémonos!