viernes, 1 de diciembre de 2017

Ambos cumplieron cien años de amor y vida

Ella trabajaba en el hospital de Dabeiba y él llegó enfermo de paludismo. Así nació un amor que lleva 80 años y como si nada.
Don Efraín Patiño Zapata y su esposa doña Rosa 
Amelia Osorio Sepúlveda-200 años de historia

La sorpresa es que él comenzó la vía al mar a pica y pala y hoy ve desde el corredor de su casa, pasar los “monstruos” de maquinaria que trabajan en la modernización de la carretera


Crónicas del Camino-Por:
Wilmar Jaramillo Velásquez-
Para EL PREGONERO DEL DARIÉN

Devolver el tiempo simplemente detenerlo, o dejarlo que siga su inexorable curso, es sencillamente la impresionante disyuntiva al sentarse en medio de 200 años de viviente historia y sentir la vitalidad de don Efraín Patiño Zapata, para contarla, en vivo y en directo como dirían los narradores deportivos.

Don Efraín nació en Frontino un siete de julio de 1917*, pronto se hizo andariego y trabajador como paisa que se respete y amigo de la parranda y el guaro.

Fue así como terminó de ayudante de una máquina que trabajaba en la construcción del Ferrocarril de Antioquia, en un tramo de La Pintada, pero un accidente lo hizo cambiar de rumbo, pasó a trabajar en la trocha carretera de Palmitos-Ebégico, hasta retornar por allá en el 40 a Dabeiba en pleno furor de la apertura de la Vía al Mar.
Don Efraín aún lee y ve televisión
“Recuerdo que todo era a pica y pala, no habían volquetas, todo era a fuerza de obreros, las volquetas fueron llegando después de a una” dice hoy sentado en el corredor de su casa en Zungo Carretera en Apartadó, a unos metros por donde pasa la remodelada vía y que justamente el proyecto arrasó con su casa; se la compraron para hacer supuestamente una doble calzada, pero luego dijeron que no era doble calzada y perdieron la compra de las propiedades y él tuvo que refugiarse donde su hija Oliva que era vecina.

Tirando pica y pala se ganaba la vida en esta carretera interminable, que cada rato era suspendida y volvía a reiniciarse tiempos después, hasta que unas fiebres palúdicas lo enviaron directo al hospital de Dabeiba. Situación que cambiaría su vida por completo.
Momentos de reflexión bajo un jardín florido
Allí entre aliviado y enfermo y hasta un poco de marrullero conoció a Rosa Amelia Osorio Sepúlveda, empleada del hospital, a quien le clavó la flecha de Cupido de inmediato y al poco tiempo ya la había convertido en su mujer por las vías de hecho, porque el amor no le dio tiempo para otras formalidades. Eso vendría varias décadas después.

Así comenzó una vida dificultades, luego don Efraín y su joven mujer fueron enviados a Mutatá por la constructora de la carretera para que administraran el casino de los trabajadores, con ingresos superiores a un peso con veinte centavos que era el sueldo echando pica y pala. “Mutatá eran dos calles con unas pocas casas y en nada se parecía a un pueblo y ni carretera tenía, los carros apenas llegaban hasta Dabeiba” relata.

“Pagada 60 centavos de comida y me quedaban 60 para el guaro” cuenta con la serenidad que la han dado cien años de vida, más no de soledad.

Luego comenzaron a llegar los hijos que según él, fueron la felicidad en la familia, Ana Teresa, Berenice, Oliva e Israel y siete más quienes fallecieron muy pequeños.

Hoy la prole suma la bobadita de 23 nietos, 20 bisnietos y tres tataranietos, un apellido que se prolonga hasta la consumación de los siglos.
La serenidad y la tranquilidad que solamente dan los años
“Ella ha sido todo para mí, me enseñó hacer hombre, ha sido la de la cantaleta, cundo no podía la mandaba y con encuellada y todo, al comienzo creí que no iba hacer capaz con el hogar, incluso le di unos ahorros para que tuviera listo el pasaje cuando se quisiera ir, pero no aceptó y me dijo que trabajaríamos juntos para salir adelante y así fue.” Narra don Efraín con envidiable memoria.

El pasado siete de julio fue una fiesta en la casa de don Efraín, cumplió un siglo de vida y los celebró con su mujer que lo había cumplido el 25 de febrero*” Ella me lleva unos meses, pero nunca ha aceptado que es más vieja que yo” dijo en medio de una sonrisa burlona.

Pero don Efraín es hombre de palabra y sabía que tenía una deuda con su conciencia de católico, por eso cuando su hoja Oliva se iba a casar hace medio siglo, aprovechó para hablar con el cura y formalizar la unión con su mujer y entonces hubo doble boda y doble fiesta. Tranquilizó su alma.

Doña Rosa Amelia, es más callada, tiene algunos problemas auditivos, la rutina de ambos es sencilla, en la mañana el baño, comer alguna fruta y sentarse en el corredor a ver pasar el tiempo, a oír cantar los pájaros y soportar el ruido de la vía principal, por donde pasan las poderosas máquinas de la concesión vial, que don Efraín ve como “Monstruos” y que lo remontan a la época del 40 cuando él echaba pica y pala intentando abrir lo que sería 77 años después una poderosa arteria vial.

“Yo soy feliz, como pobre he tenido lo que he querido, llegaron a robarme lo que había ganado con sacrifico y volví a comenzar de nuevo, no tengo punto malo y si existe la reencarnación, quiero ser el mismo” advierte en tono serio- agregando que añora su finca en Mutatá, ver los animales y no pierde ocasión con su mujer para a ir a echar un vistazo de vez en cuando.
Sus cédulas de ciudadanía-1
La vida ha sido generosa con esta pareja que lleva ochenta años viviendo en armonía, con sus hijos que aún los tienen con ellos.

Ambos han sido muy saludables, aunque don Efraín registra problemas respiratorios, el paso del tiempo tampoco es en vano. Cien años comienzan a pesar, hace un par de semanas presentaron un resfrío y al acudir al médico los dos fueron hospitalizados durante diez días, convirtiéndose en el asombro y los personajes centrales de la clínica.

Hoy cada mañana, esta pareja luego de tomar el baño y comer la fruta que su hija Oliva les prepara, se sientan en el corredor para avivar los recuerdos, refrendar los votos que dicen que la unión es hasta que la muerte los separe, y a no dejarse morir de tedio, mientras que en la distancia se pierden los cánticos de azulejos y turpiales y solamente va quedando el perfume de los anturios, las veraneras y las enredaderas que adornan la casa de doña Oliva que los acoge.

*De acuerdo con el relato de don Efraín y sus familiares estas son las fechas de nacimiento de la pareja, pero las cédulas de ciudadanía registran inconsistencias, de acuerdo con los registros de nacimiento.

Zungo Carretera- Apartadó-Antioquia-diciembre de 2017.
Sus cédulas de ciudadanía-2