jueves, 12 de octubre de 2017

Cuando la justicia se vuelve una alcantarilla

Ya hay un ex presidente de la Corte Suprema de Justicia en la cárcel, Francisco Ricaurte, están los magistrados, Leonidas Bustos y Gustavo Malo Fernández salpicados hasta el ajustado cuello de sus togas, en toda una red criminal que mancilló por años nuestro sistema judicial.



Editorial EL PREGONERO  DEL DARIÉN-octubre-2017

Era casi imposible que la corrupción que carcome al país por los cuatro puntos cardinales, que se campea de despacho en despacho disfrazada de mil maneras, no salpicara al aparato judicial del país y en efecto el asunto resultó peor de lo que los ciudadanos de a pie nos imaginábamos.

Pero mientras el Fiscal General de la Nación duramente cuestionado por reconocidos ciudadanos incluyendo al senador Jorge Robledo, siga atornillado en su cargo y para colmo de males torpedeando el proceso de paz para hacerse el importante, “mojar” prensa todos los días, para hacerse notar y congratularse con sus patrocinadores políticos, el cáncer está lejos de extirparse y la metástasis avanza con celeridad.

No ha dicho el señor fiscal, cuáles fueron los métodos y padrinos para nombrar al abogado Gustavo Moreno como fiscal anticorrupción, personaje que terminó siendo la punta de lanza para comenzar a desenmascarar la putrefacta olla en la que se había convertido la justicia.

Pero tuvo que ser el gobierno norteamericano cansado de ver, soportar y hasta patrocinar con recursos financieros, a esa justicia, el que destapó la olla, justamente grabando a Moreno, quien está listo para ser extraditado a ese país.

Ya hay un ex presidente de la Corte Suprema de Justicia en la cárcel, Francisco Ricaurte, están los magistrados, Leonidas Bustos y Gustavo Malo Fernández salpicados hasta el ajustado cuello de sus togas, en toda una red criminal que mancilló por años nuestro sistema judicial.

Magistrados que desde luego no actuaban solos manejaban todo un cartel con reconocidos abogados como el mismo Gustavo Moreno, Camilo Tarquino y Luis Ignacio Lyons, entre otros, para negociar procesos, absolver culpables y hasta condenar a inocentes para ajustarse a cada caso, a cada solicitud de sus clientes.

Pero todo esto sucede en lo más alto, en lo más sagrado de nuestra institucionalidad, mientras que la impunidad rebasa el 90 por ciento en la criminalidad en todo el país y unos jueces se dedican hacer espectáculos públicos a través de los medios de comunicación, ufanándose porque enviaron a la cárcel a quien robaba “caldo de gallina” en un supermercado de Cali, otro por robar chocolatinas en Bogotá y a otro por tocarle el trasero a una dama.

Las cifras de las que hablan las grabaciones y delaciones para negociar un proceso, producen escalofrío, van desde 500 millones de pesos hasta 20 mil millones. La descomposición en toda la extensión de la palabra.

La justicia se corrompió, se prostituyó, porque cayó en manos de los políticos que todo lo pudren, jueces y fiscales, ministros de justicia cuotas de directorios partidistas y así mismo imparten sus fallos, usted me nombra yo te absuelvo, yo apoyo a tus patrocinados, y lo más fatal, es que muchos de esos políticos no quieren el cambio y así lo han demostrado, tanto Cambio Radical, como el Centro Democrático, durante las discusiones legislativas de la Justicia Especial para la Paz, con argumentos peregrinos que son gabelas para las FARC, cuando lo único cierto es el terror que les infunde tener que llegar ante unos jueces nuevos, aún sin corromperse y nombrados sin el patrocinio de sus directorios, a responder la estela de crímenes y despojo de tierras, con que han sembrado al país, junto con sus asociados, empresarios y ganaderos corruptos.

Sin embargo, ver a un ex presidente de la Corte Suprema de Justicia tras las rejas, nos da un asomo de esperanza siendo una lástima desde luego, que el señor Fiscal General de la Nación no le genere confianza sino a sus padrinos politiqueros, algo es algo, dice el pueblo.