lunes, 7 de mayo de 2018

Llega la primavera colombiana


Con un inminente triunfo de Gustavo Petro en las presidenciales que se avecinan, se rompería definitivamente el funesto Frente Nacional, hoy en plena vigencia y se abrirían espacios para los excluidos. 

Wilmar Jaramillo Velásquez director
 EL PREGONERO DEL DARIÉN

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez-Columnista EL PREGONERO DEL DARIÉN 

Lo que está en juego durante estas elecciones presidenciales no es simplemente el cambio de inquilino en la “casa de nari”, el triunfo de Gustavo Petro, quien hoy arrasa en plazas públicas despertando un furor inusual entre electores de todos los partidos y todas las edades, será una verdadera primavera latinoamericana. La esperanza frustrada por décadas de millones de colombianos excluidos y explotados sin misericordia. 

Pero por encima de todo esto, hay un hecho más trascendental y poco analizado, y se trata de una verdadera ruptura del nefasto Frente Nacional, un criminal y excluyente pacto firmado por los dos partidos tradicionales, para repartirse el presupuesto nacional y la burocracia “de manera pacífica” antes lo hacían a machetazos y hachazos, hasta con policía Chulativa a bordo. 

En 1958 con Alberto Lleras Camargo se inició este periodo que culminaría presuntamente con Misael Pastrana en 1974 y consistió en turnarse cada partido el gobierno durante cuatros años. Los demás partidos no existían, no tenían derechos, eran perseguidos, asesinados, exiliados, excluidos. 

Esa práctica nunca cesó, hoy 44 años después sigue intacta, estos partidos mutados a otras razones sociales por efectos del desprestigio, el desgaste y la corrupción, Cambio Radical, Centro Democrático, Partido de la U, el PIN, Convergencia Ciudadana, Alas Equipo Colombia y un sin número de camuflajes, siguen aplicando la misma fórmula: El poder es compartido entre estas dos élites; como rapiña le caen a los ministerios, embajadas e institutos descentralizados y como pirañas se reparten el presupuesto nacional. El panorama es igual al de 1958. 

En un mandato de Petro, se daría por culminado este nefasto negocio y entrarían sectores históricamente excluidos y perseguidos, desterrados e incluso asesinados. Este es el gran temor de estas maquinarias que simulan ante sus medios de comunicación agrios enfrentamientos para adormecer a las masas, pero luego en el poder se abrazan y comienzan el disfrute de la piñata. 


Hace unos meses Vargas Lleras protagonizaba “la más cruel de las traiciones” contra su ex patrón, Juan Manuel Santos y los medios se desgañitaban ante el brutal choque. Hoy esa falsa traición desapareció por arte de magia y Santos hace todo tipo de piruetas por hacerlo su sucesor, por ser más cercano y fiable que Uribe; pero la mesa está servida para ellos, recuerden que Santos poco tocó la burocracia de Uribe, hay regiones del país e incluso en el servicio exterior, donde está intacta, esa maquinaria produce votos, alimenta el negocio tradicional, la saga-negocio de familia. 

Generaciones que no conocieron los sesgos excluyentes del Frente Nacional, y muchos otros vejámenes de estos regímenes, hoy ondean la bandera de la paz y de la libertad, al lado del líder que les devolvió la esperanza, porque quieren que sus hijos, las nuevas generaciones no vivan los horrores que vivieron sus padres. 

Petro está haciendo historia, la está cambiando de verdad y ese país que lo sigue con fervor, ha visto en él una posibilidad de cambio, una apertura social, el simple asomo de un nuevo amanecer para la patria y por eso esas masas no las ha podido detener ni el miedo, ni el chantaje, ni la calumnia, ni el silencio de los grandes medios de comunicación. Ese pueblo ya decidió y nada ni nadie lo hará cambiar. Por eso como dice el mismo Petro, los únicos que deben tener miedo a su gobierno son los corruptos y parece que son más de la cuenta.