viernes, 9 de junio de 2017

El tesoro audiovisual del Quindío

Una de las reliquias del museo la conforma una colección de más de 23 mil cédulas, cuando este documento era local y que el gobierno ordenó destruir.

         Luís Fernando Londoño Aristizábal- Director 
        del Museo Gráfico y Audiovisual del Quindío

Calarcá-Quindío 
Crónicas del Camino por:
Wilmar Jaramillo Velásquez
Enviado especial de
EL PREGONERO DEL DARIÉN.

Si alguien quisiera hablar de filantropía o de quijotes vivos en plena acción enfrentando a los molinos de viento, tendría que ir al municipio Quindiano de Calarcá y sentarse en el Museo Gráfico y Audiovisual del Quindío, a dialogar con su mentor, director, fundador y vigía permanente, Luís Fernando Londoño Aristizábal.
La memoria gráfica y audiovisual de este departamento cafetero por excelencia, andaba desperdigada, hasta que a este inquieto personaje le dio un 13 de septiembre de 2006, abrir el museo y comenzar la titánica labor de construir lo que hoy es orgullo de su pueblo y donde se maravillan, estudiantes y visitantes de todas partes del país.
Su obra es grande, valiosa, organizada, tanto que muchos en Armenia le insistieron que abriera el museo allí, pero se dejó convencer de un grupo de amigos de Calarcá, quienes le ofrecieron apoyo económico, el cual como cosa rara, cuando se trata de proyectos culturales nunca llegó.

Allí se puede apreciar como van cambiando los pueblos a través de la imagen, las costumbres, su cultura, como el llamado modernismo van trastocando todo.

“Entonces uno a través de las imágenes puede hacer un recorrido en el tiempo, de todos los municipios de nuestro departamento” explica don Luís Fernando. 

Este Quijote cafetero, se duele como los presupuestos oficiales destinados a la cultura se quedan engarzados en otros menesteres y como por allí, por el museo nunca aparecen, el Estado no cumple ni con las leyes en esta materia, leyes que el mismo Estado impulsa y dice apoyar.

Como cosa irónica los menos interesados en cuidar y preservar este patrimonio, son el gobierno nacional, departamental y municipal, los ingresos por entradas son mínimos, una alcancía a la entrada, muy poco frecuentada por cierto y la voluntad del visitante cada vez más recortada, además los viejos del pueblo que llegan allí a escarbar en los recuerdos y añorar ese pasado que no perdona, casi siempre están sin plata y eso no es motivo para impedirles la entrada, ellos entran de gorra, como dicen los cafeteros.
Al museo llegan los viejos para alimentar su
 pasado y no dejarse absorber por el presente
“Como dice el cuento, me dejaron colgado de la brocha, pero ese colgado de la brocha representó que yo me enamorara más del espacio, porque al estar abierto al público generó en las familias, en las personas la confianza para prestar sus álbumes familiares para que fueran escaneados y eso influyó bastante para que el archivo se enriqueciera a nivel de piezas fotográficas porque pasamos de seis mil fotografías en el momento de la inauguración a cuatrocientas mil fotografías antiguas que tenemos hoy” dice este romántico del pasado, con una leve sonrisa de satisfacción al ver su trabajo.

“Tenemos una serie de elementos con los cuales se hace y se reproduce la imagen, se hacen sonidos se reproducen sonidos, radios, grabadoras, computadores antiguos y tenemos una colección que es única en Colombia que es de las cédulas antiguas del municipio de Calarcá cuando la cedulación era local que uno cambiaba de pueblo y cambiaba de cédula, de esas cédulas tengo desde la número una para un total de veintitrés mil once cédulas, del año mil novecientos treinta y cuatro al año mil novecientos cincuenta y dos, le repito es el único archivo en Colombia porque dieron la orden de destrucción, después del plebiscito liberal de mil novecientos cincuenta y siete”

“Tenemos visitantes casi todos los días de gente de bastante edad, son personas desocupadas que quieren gastar su tiempo para esperar la muerte, si se puede decir así, ellos se entretienen viniendo a ver fotografías antiguas porque el museo cambia de exposición cada dos meses, ellos vienen cada dos meses y van a encontrar nuevas imágenes que les va a devolver la película y traer los recuerdos de esos sitios que recorrieron, no solo en el municipio de Calarcá, sino de cualquier municipio del departamento del Quindío”

“Esas personas normalmente andan sin plata, pero yo creo antes al revés que yo debería pagarles a ellos porque desde el momento en que uno monta una fotografía ellos son los que me enriquecen con la información de esas fotografías, porque empiezan a decir; ahí, mira esta era la tienda de don fulano de tal, ahí vendían el kumis, ahí mataron a fulano, y todo eso es información que yo en todo momento voy sumándole a cada una de las fotos, entonces son ellos los que le aportan conocimiento de las fotografías al Museo”
Lástima que ni al gobierno nacional, ni departamental ni 
municipal, le importe la conservación de semejante reliquia.
“Todo lo que hay aquí es importante, porque hace parte de nuestra historia, tenemos una fotografía de mi bisabuelo con los quince hijos, tomada en mil ochocientos noventa y cinco, una fotografía que le tomó un fotógrafo que viajaba por toda Colombia en mula tomando fotografías, lo curioso de eso es que la fotografía la tomaron en Calarcá y llego a Calarcá nuevamente ya impresa, seis meses después, porque tecnológicamente no existía en Colombia sino muy pocos laboratorios. Esa foto de mi bisabuelo llamado Joaquín Aristizábal, casado con Dolores Ocampo con los quince hijos, me indujo hacer el trabajo de investigación sobre la familia Aristizábal y logramos hacer el árbol genealógico de mi bisabuelo para abajo, yéndonos al sitio de su nacimiento, y resulta que a partir de ese viejo que está en esa fotografía, en el árbol genealógico tenemos cerca de tres mil personas al año dos mil diecisiete” concluye su charla Luís Fernando Londoño Aristizábal, mientras su ojos inquietos, giran en círculos por vitrinas, paradores y estanterías repletas de historia, de recuerdos de, añoranza, de un pasado que se niega a irse y que no se irá, mientras existan hombres con la pasión y la filantropía como Luís Fernando Londoño Aristizábal. “Hoy ya nadie regala ni dona nada, todo es plata” remata el diálogo para perderse por esa maraña de historias que es lo que en encierra su museo.
Calarcá- junio de 2017.