domingo, 11 de junio de 2017

El país a punta de paros y garrote

Históricamente hemos vivido un estado masoquista, al que escasamente mueven los paros y los hechos de fuerza. Ya el pueblo le va perdiendo el miedo al garrote.

Wilmar Jaramillo Velásquez
La manía de los gobiernos de turno, todos sin excepción, es que cumplir con sus deberes, sus obligaciones, no es posible por las buenas, sino a punta de paros y acciones de hecho, claro está que también han existido unos más represivos que otros. A hora la moda es hacer un paro para que el gobierno cumpla con lo pactado en el paro anterior. Esto es aberrante.

El caso del magisterio por ejemplo no tiene sentido, sus huelgas, sus luchas han sido el pan de cada día durante medio siglo y esto parece no tener fin, igual pasa con los empleados estatales en general.

Del campo ni hablar a nadie parece importarle, ni querer poner fin al problema de los camioneros, hoy son lo paperos, mañana los lecheros, los jueces, el sector salud, hay un acumulado de incumplimientos de gobiernos remotos, hoy casi que imposibles de pagar.

Para completar el sombrío panorama, los choques entre manifestantes se han vuelto tan comunes y cotidianos que ya los manifestantes le perdieron el miedo al garrote policial (Aunque en vez de miedo debería ser respeto), los roces entre estos son cada vez más frecuentes y violentos.

El gobierno tiene que entender que la paz laboral es la más segura y productiva para los colombianos, tiene que buscar fórmulas serias y concertadas para hacer frente a esta problemática social, dejar de mentir y de aplicar placebos y paños de agua tibia, el asunto es de suma gravedad y no se puede seguir alimentando esa bomba social por más tiempo, porque el día que explote todos vamos a perder.
Tampoco es bueno ni sano para la democracia, que el gobierno nacional, acuda cada vez más a un mecanismo tan desprestigiado, tan violento y deshumanizado como el ESMAD para dar respuesta a la inconformidad popular.

Si bien entendemos que es función constitucional del gobierno garantizar la tranquilidad, tanto de quienes protestan como de quienes se marginan de hacerlo, el excesivo uso de la fuerza mostrado recientemente en Buenaventura, en contra de los indígenas del Cauca o del magisterio en la capital de la república, son muestras de debilidad del estado, de la fragilidad de la pobre democracia.

Es evidente el desgaste de quienes vienen protestado, como de las mismas comisiones del gobierno y eso es una mala señal para una sociedad que se autocalifica de civilizada y lo más grave es que hay anuncios de nuevos paros en importantes sectores de la producción nacional, por que como lo dijimos al comienzo de este escrito, hay sectores sociales que se ven obligados a realizar un paro, para que les resuelvan o les cumplan con lo pactado en el paro anterior y eso es insólito.

Ni que decir de aquellas organizaciones que reclaman pacíficamente, silenciosamente, como el caso de los platanicultores del Urabá Antioqueño, agrupados en Fedeplaur. Estos nunca serán escuchados. Son miles de familias golpeadas por la incertidumbre, sin posibilidades de exportar sus productos, sin asistencia técnica, mientras que la Sigatoka Negra les devora sus reducidos patrimonios, enfrentados aun estado masoquista.