martes, 6 de marzo de 2018

La campaña más sucia en la historia de Colombia

Las nauseabundas porquerías utilizadas durante la campaña del plebiscito por la paz, serán un ramo de olivo ante lo que vivirá el país en los próximos meses, en el marco de una gavilla previamente montada para cerrarle el paso a Gustavo Petro. 


Wilmar Jaramillo Velásquez-Director de EL PREGONERO DEL DARIÉN 

Quienes se atrevieron desde diferentes ángulos de la sociedad a buscar un cambio en el modelo de apropiarse de los recursos públicos para llenar los bolsillos de los partidos tradicionales y sus socios en el gobierno, no han visto nada en materia de degradación política y guerra sucia en contra de Gustavo Petro. Que la ultraderecha asustada por su auge en las encuestas, y el fervor popular en las plazas públicas opte por desmontar tarimas o prohibir sus actos como en Medellín y Cúcuta, que los grandes medios de comunicación, propietarios de los medios de producción y la banca, armen una tremenda manguala para silenciar a Petro, para minimizar sus inmensas mayorías; que los otros aspirantes se unan para enfilar baterías en contra de sus propuestas o simplemente guarden silencio, es prueba irrefutable de lo que viene en camino. Nos aprestamos a vivir la campaña presidencial más sucia en la historia del país, donde se comienza con la descalificación, la macartización y el insulto permanente, para luego llegar a la muerte física, como lo plantea públicamente un reconocido asesino de Medellín, sin que esto genere el más mínimo pronunciamiento de una fiscalía acorralada por la corrupción y su compromiso electoral con uno de los candidatos, tampoco hubo rechazo alguno y cero solidaridad de los otros candidatos. Ante las propuestas de campaña en todos los aspectos de la vida nacional hechos por Petro, la respuesta de los otros es el ataque personal, directo y sistémico. Que nerviosismo tan enorme ha causado Petro en los dueños del país; nunca antes habían tenido tanto miedo a perder sus negocios y su explotación continua del pueblo. Nunca antes la corrupción había estado tan amenazada y de ahí la respuesta.


Un periodista bien informado de la capital de la república, me dijo que el Centro Democrático dentro de la campaña de desprestigio planea involucrar a Petro con una supuesta conexión rusa en América Latina, luego de pasados los comicios parlamentarios de este11 de marzo, para reforzar así el invento comunista, y yo le creo, ya en México lo están haciendo con López Obrador. 

Todo está calculado y diseñado para destruir a Petro y su proyecto político de cambio, aquí no han nada fortuito, nada se improvisa, nada se deja al garete, como la falacia de la bodega con 300 petristas manejando redes. Ofende a esta supuesta democracia que el jefe de estado no se amarre los pantalones, así sea en el ocaso y haga valer las garantías y la seguridad de Petro, atacado desde la más recalcitrante extrema derecha enquistada en el Centro Democrático y su acólito, el destituido ex procurador Ordoñez, hasta la más ortodoxa izquierda, encabeza del senador Robledo, hoy en brazos de la derecha.

El jefe de estado tiene que intervenir ante la alianza de varios alcaldes para cerrar el paso a las manifestaciones de Petro, él es responsable de esas garantías electorales y para ello basta un simple decreto. Las propuestas son buenas cuando las hacen los otros candidatos, pero son comunistas cuando las plantea Petro y los medios masivos de comunicación salen en coro a replicar las primeras y descalificar las segundas, se trata de un pacto sagrado entre las mafias del poder, justamente las mismas que Petro amenaza con arrebatarles dicho poder. 

Muy grave también que luego de ocurrido el atentado contra Petro en Cúcuta, este haya tenido que acudir a organismos internacionales en busca de protección y más grave aún que el jefe de estado si todavía es Santos, no haya hecho una simple llamada de solidaridad para con el candidato agredido, olvidando que fue uno de los pilares para salvar el proceso de paz. 

También es preocupante el silencio del alto mando policial sobre los graves hechos. 

Así que quienes se han echado al hombro esta campaña, desde ya se tienen que preparar para afrontar el proceso electoral más sucio e infame en la historia del país. Aún no han visto nada, lo peor falta por venir y hagamos fuerza para que lo peor no sean las balas como lo predica el sicario de Medellín. O como pregonan otros “Evitar el triunfo de la izquierda al precio que sea”