miércoles, 6 de marzo de 2019

Las gambetas de Adalberto Vanegas

Intentando sacar a uno de sus hijos del precipicio, este hombre terminó enfrascado en una lucha interminable por salvar a la juventud de Chigorodó, al menos los que se dejen y los que pueda, su intento es muy grande.


La disciplina como herramienta fundamental en la formación 

Crónicas del Camino por: Wilmar Jaramillo Velásquez

Tenía una cita con Adalberto Vanegas López, en una cancha del barrio Monte Carlo de Chigorodó, llegó veinte minutos tarde, pues su destartalada bicicleta lo abandonó a su suerte en la mitad del camino y debió cruzar a pie el pueblo de norte a sur, para poder llegar. 
Adalberto venía del colegio Juan Evangelista Berrío donde desarrolla su jornada laboral como responsable del aseo de los baños, a cumplir con el entrenamiento de sus muchachos del Club de Fútbol Van Van. 

Vanegas, siempre orgulloso de sus muchachos 

Adalberto es tal vez el hombre màs popular de Chigorodó, reconocido por padres de familia, por deportistas, por los alcaldes y paradójicamente también el màs olvidado, ninguna autoridad local, ni regional, ni la empresa privada, han entendido el valor que este hombre encierra para la formación de la juventud, o como el mismo afirma: “Mi labor consiste en trabajar para hacer mejores personas, buenos ciudadanos” 

Adalberto nació en Cáceres Antioquia, hace seis décadas, pero llegó de niño a Apartadò donde estudió hasta quinto año de bachillerato, allí se formó como deportista íntegro, perteneció simultáneamente a las selecciones de Voleibol, Fútbol y Baloncesto, diez años como titular en las tres disciplinas, diez años como el mejor delantero y cinco años invencible como el goleador de la Selección de Fútbol de este municipio.

Adalberto Vanegas López 

“No llegué al fútbol profesional por falta de apoyo para instalarme en Medellín, hoy puedo decir que soy un futbolista frustrado” dice bajo una mirada nostálgica. 

De niño prácticamente fue expulsado de su tierra, tras el asesinado de su padre, llegó a Urabà, donde se acabó de criar y aprendió el arte de la supervivencia, pero también de la verdadera solidaridad, dar sin esperar recompensa alguna y eso es lo que lo hace grande, lo que hace brillar su obra con todo el esplendor. 

Adalberto lleva 28 años radicado en Chigorodó, donde fue trabajador bananero, administrador de fincas, aprendió todas las labores de este oficio, hoy tiene 60 años, aunque su vida de deportista lo hace aparentar muchos menos. 

Desde hace diez años comenzó su Club Deportivo Van Van, hoy alberga 85 niños, entre los cinco y los 14 años, la mayoría no tiene ni para pagar los veinte mil pesos de mensualidad, pero para él es igual, algunos ni siquiera tienen zapatos para entrenar, y eso si lo mortifica: “A veces lloro en solitario, al ver como en Urabà hay plata para tantas cosas y no para apoyar a estos muchachos” dice en medio de la frustración y la impotencia. 

Los muchachos escuchan atentos a su profesor 

Su trabajo con jóvenes en riesgo es otra triste historia, pero con final feliz, comenzó buscando sacar a uno de sus hijos que había caído en las pandillas y la drogadicción y se encontró con el enorme problema que hoy azota el eje bananero; fuera de haber salvado a su hijo, trabaja con trecientos muchachos, con grupos de veinte y treinta, las administraciones locales, lo han apoyado con psicólogos, trabajo social y desde la Secretaria de Educación. 

Adalberto les hace seguimiento a estos muchachos y se alegra que 37 de ellos sean obreros bananeros, electricistas y hasta árbitros de futbol. En los últimos días trabaja con ciento cincuenta jóvenes en riesgo, los guía con el deporte, charlas, mucha pedagogía y eso lo hace feliz.

Las mujeres también sobresalen en este proceso.

También tiene un grupo de 43 mujeres futbolistas, entre los 14 y los 35 años, a 14 de ellas que habían abandonado sus estudios las encaminó de nuevo por las aulas escolares. 

Adalberto es padre de doce hijos, como para formar su propio equipo de fútbol, diez hombres y dos mujeres, su puntal fundamental en esta lucha desigual, es su mujer, Luz Amparo Ramos Barrio, quien fue titular por diez años de la Selección de Voleibol de Chigorodó, como quien dice, de tal palo tal astilla. 

La rutina de este filántropo criollo, la divide entre las escobas y las traperas en los baños del colegio Juan Evangelista Berrío, donde su rector Libardo Márquez le permite que modifique sus horarios para que se pueda adaptar al entrenamiento de los muchachos, tanto en la jornada de la mañana, como de la tarde, por eso es común verlo a las ocho de la noche terminando su jornada en esta institución, luego de trabajar con sus jóvenes.

Un hombre siempre dispuesto a servir, sin esperar recibir

La tarea no ha sido fácil, pero ochocientos jóvenes han pasado por sus manos generosas y son mejores personas. La gran satisfacción de Adalberto, algo así como el pago moral y espiritual que recibe por sus aportes a la sociedad. 

“La impotencia me ataca cuando veo que unos niños no pueden ir a un torneo a Apartadó, simplemente porque no tienen un pasaje, hoy por ejemplo tengo cinco niños sin zapatos, y eso me mortifica” 

Adalberto Vanegas López ha tocado muchas puertas, pero muy pocas se abren, el mismo vive de un salario mínimo como obrero de una empresa de aseo y le es casi imposible multiplicarlo más, hacer más milagros.

Uno de los mejores aportes a la paz. El deporte

Así, mientras en Urabà los jóvenes se ahogan en la violencia, las cruces aumentan en los cementerios, las madres lloran desconsoladas ante la impotencia de la muerte impune, este hombre, de una condición humana inigualable, de una resistencia y temple de acero, sigue tocando puertas, presentando proyectos en busca de soluciones. 

Su balance no puede ser mejor, son unos ochocientos muchachos arrebatados a la muerte, guiados por otros senderos menos escabrosos, unos estudiando, otros practicando deportes, otros ya trabajando en puestos dignos de empleo y eso si le produce una satisfacción enorme. 

“Mi mejor regalo es cuando encuentro a una madre de familia, a un profesor, a un amigo y me reconoce, me agradece por lo poco o mucho que he podido hacer por esos muchachos. Esa es mi mejor paga” cuenta con algo de júbilo en sus expresiones.

El hombre más popular de Chigorodó,
 pero el menos reconocido.

En la medida que avanza el diálogo con Adalberto Vanegas López, su rostro va cambiando de la tristeza a la alegría, de acuerdo con cada pasaje de su relato, con cada episodio de esta última década rescatando muchachos de las drogas, de las pandillas, o simplemente poniendo una barrera con el deporte para que otros no crucen esa peligrosa línea. 

Por ejemplo, cuando dice que es el único que llena con sus torneos, el estadio del barrio El Prado, no puede ocultar su sonrisa, su satisfacción. “Se llaman torneos de los Valores, y se convierten en una integración entre familias, vecinos y amigos, en días inolvidables” cuenta. 

Pero cuando recuerda la década en que más muchachos fueron reclutados por los grupos armados, entonces su rostro se apaga y las palabras no le fluyen, porque conoce el fin de muchos de estos jóvenes.


Luz Amparo Ramos Barrio, quien fue titular por diez años de la 
Selección de Voleibol de Chigorodó, en su mujer, su  puntal.

Es esta una breve historia de uno de los hombres màs importantes del eje bananero, colmado de una humildad, una paciencia sin límites, un don de gente envidiables, que hoy pasa sus días entre la rutina de lavar los baños del colegio Juan Evangelista Berrio y salvar muchachos de la guerra, la droga, de la muerte. 

Al final, y cuando la tarde calurosa de marzo cae estrepitosamente, cuando el sol se esconde raudo por entre la majestuosa cordillera de Abibe, la prolongada sequía le ha convertido la cancha prestada, en un polvero infernal, que ya quisiera tragarse a sus muchachos, Adalberto Vanegas López lo ve como una gambeta màs por sus muchachos y nos dice: 

“Seguiré cumpliendo con esta tarea, hasta el último día de mi existencia, sin esperar que nadie me pague o me reconozca; simplemente que apoyen a estos jóvenes, tampoco busco figurar, ni formar futbolistas para los grandes clubes, con sacarlos de sus problemas o evitar que lleguen a ellos, para mi es más que suficiente” 

Es un trabajo invaluable por los jóvenes

Chigorodó- Canchas del barrio Monte Carlo- marzo de 2019.