lunes, 11 de marzo de 2019

La monja que multiplica plata, amor y solidaridad

Más de dos mil viudas y unos cinco mil huérfanos, han pasado por las manos generosas de Compartir, en este cuarto de siglo, y la tarea prosigue. 

Hermana Carolina María Agudelo

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez
 para EL PREGONERO DEL DARIÉN 

En una amplia charla con la hermana Carolina María Agudelo, nos relató su experiencia de trabajar para los pobres, especialmente viudas y huérfanos de la guerra, una mujer que trabaja sin tregua, que nació para el servicio de los menos favorecidos. 

“Nosotros muy contentos por estos 25 años de servicio gratuito a los más vulnerables, a las víctimas de la guerra. Creemos que 25 años no los hemos vivido en vano” nos dijo, la religiosa, antes de citar los programas que desarrolla Compartir en Urabà: 

“Los programas de Compartir, desde hace 25 años, podemos decir que todos los están vigentes. Compartir tiene atención integral o sea que atendemos a la familia en todo su contexto, por eso tenemos hogares infantiles con los niños menores de 5 años, hogares día con los pre adolescentes, programas de semillas y de jóvenes con los muchachos ya adolescentes, y jóvenes; también tenemos con las viudas el programa en las tardes del Compartir, vivienda, atendemos algunas necesidades a este nivel; se mira también la generación de empleo, ya desde el mismo Compartir generamos 180 empleos de los cuales alrededor del 50 % son viudas o huérfanos que se van preparando también en la Fundación, El Plan Padrino, tenemos capacitación técnica y atención psicológica permanente para las víctimas.” Nos relata orgullosa y optimista de su obra esta monja, que no hace otra cosa que servir a la humanidad, desde que se levanta, hasta que se acuesta. Esa es su rutina.
 
Una religiosa que nació para servir
El Programa Padrinos, es el que yo llamaría bandera de la institución, porque gracias a él podemos en los hogares día, que son los que tiene menos aportes , atender a los muchachos y muchachas y es muy lindo porque para ellos es muy halagador saber que hay alguien no solamente en Colombia sino a nivel mundial que piensa en él o que piensa en ella, con ese aporte de 70 mil pesos mensuales este niño o niña es atendido de manera más especial digamos son como exclusivos dentro de la Fundación y a ellos se les entrega útiles escolares, uniformes, zapatos, tienen alimentación en los hogares día, seguimiento escolar y al final de año tienen su regalo de navidad. 

Lo más bonito es que tienen un contacto permanente con el padrino, ellos le dan informe de cómo es su proceso con una carta anual y los padrinos tienen la posibilidad de recibir esto y una foto del niño, para hacerles su seguimiento y ellos tienen la posibilidad de progresar muchísimo, tenemos muchachos apadrinados que hemos podido llevarlos hasta la universidad, ya cuando llegan a estas etapas nos toca desde la Fundación poner recursos adicionales porque a un muchacho de universidad no le damos 40 o 50 mil que es lo que podemos salvar del programa para darles en dinero, pero si se les da un aporte mucho más grande, y ya tenemos abogado, tenemos ingeniero, tenemos otros estudiando en este momento” nos explicó la hermana Carolina. 

                                          Celebrando los 25 años  de Compartir
“Compartir inició en 1994 con presencia en Apartadó, aunque con esa presencia inicial durante dos años atendimos Apartadó, Turbo y Chigorodó porque venían mujeres de estos lugares. A partir de 1996 iniciamos presencia en Carepa, Chigorodó, Mutatá, Turbo, Necoclí, San Juan de Urabá, Arboletes y San Pedro de Urabá. Al cabo de unos dos o tres años tuvimos que dejar la atención en San Juan de Urabá, pero abrimos en Riosucio-Chocó, en Currulao y en Nueva Colonia, además de los anteriores; o sea que tenemos presencia en once sitios incluyendo Riosucio-Chocó. En el año 1994 atendimos exactamente 84 viudas, que yo diría la totalidad logró rehacer su vida plenamente, con el tiempo y a partir de los rigores de la guerra hemos llegado en este momento a 2 mil viudas, mil novecientas noventa y pico, y cerca de 5 mil huérfanos han pasado por la fundación y han recibido atención” relató. 

Fundación Diocesana Compartir, 25 años de un recorrido social por Urabá, cuya obras está a la vista. 


Compartir construyó 336 viviendas, “las más dignas que se han podido construir en Urabá a nivel de interés social, las cuales se les entregaba prácticamente gratuitas a las viudas porque pagaban 40 cuotas de 30 mil, las que pagaban, porque algunas no pudieron o no pagaron, igual tienen su casa y hoy muchas las tienen muy bonitas” cuenta con alegría la directora de la Fundación. 

25 años al servicio de los pobres
“Compartir nace de los rigores de la guerra, a raíz de la necesidad que ve monseñor Isaías Duarte Cancino de atender a las viudas, y le dice a la hermana Sofía Helena Hoyos una gran colaboradora, necesito una hermana para atender a las viudas, tenemos muchas viudas para atender y queremos a nivel iglesia brindarles una atención; la hermana Sofía Helena le dice: escríbale a la Provincial que en este momento está entrando porque tenemos Provincial nueva, y él llama a la Provincial y le dice: Madre los cojos andan, porque era el evangelio del día, los ciegos ven, y las viudas de Urabá qué, por favor, deme una hermana para atender a las viudas, entonces ella le contesta: pues no tenemos monseñor, vemos muy difícil ese tipo de trabajo, sin embargo hay una hermana que puede que se le mida a eso, yo le voy a preguntar; inmediatamente la Provincial me llamó y me dijo te necesito, ella no me preguntó sino me dijo te necesito, yo dirigía un colegio muy importante en Magangué , yo le dije y para qué? y ella me dijo, noooo, aquí te cuento, te vienes con todo y aquí te comento, yo le dije listo, allá estoy el fin de semana me fui a Medellín el 28 o 29 de enero y el 30 de enero ya estaba en Apartadó y el 7 de febrero estábamos inaugurando la casa en el barrio Vélez para iniciar los programas, ya con el nombre de Compartir, porque ya en el transcurso de esa semana me había reunido con las viudas que habían, pasé avisos por la prensa, todo el mundo colaboró para esto, se anunció y empezó a llegar la gente hasta ajustar 84 viudas recientes, en el año 1994; total que salió de esta petición de monseñor Isaías Duarte. 

Luego el abogado de la Diócesis me dijo, venga le muestro su oficina, yo le dije: no, a mí no me dé una oficina, dígame que puedo tener yo, porque voy a alquilar una casa, entonces Monseñor me dijo: hermana que le den un millón de pesos para empezar y yo le dije está bien, con un millón empiezo, empecé con ese millón, pagué dos o tres meses arriendo, pagué atenciones a las viudas, todos los encuentros que fui haciendo, hice un poco de dotación, aunque empecé a pasar por las diferentes empresas que se habían comprometido a que iban a ayudar a sostener el programa y cuando se llegó la hora de la verdad, la una me dio dos mesas, la otra un ventilador, la otra un escritorio, la otra tres sillas, etc., pero plata no hubo, solamente Augura empezó a entregar una ayuda de 150 mil pesos mensuales, no se me olvida que me ayudaban muchísimo, porque con eso le pagaba a la Trabajadora Social que busqué como ayuda, porque yo también soy trabajadora social. 

Quien da amor, recibe amor
Total, que empezamos y seguimos así dos años, pero al finalizar el segundo año, nos presentamos como institución al premio Fundación Alejandro Ángel Escobar y nos lo ganamos, reconociéndonos como la institución más pequeña y más joven que concursamos, nos dieron un regalo de 35 millones que era muchísima plata y compramos la casa donde funciona la sede principal y para iniciar el segundo piso”. Explicó la Hermana Carolina. Compartir también ganó el premio internacional Jaime Brunet. 

Compartir compró la empresa Pasaban, que produce y vende productos de banano, el dueño la vendió y entrenó a un grupo de mujeres quienes hoy viven dignamente, no ha sido una tarea fácil, han debido sortear a pícaros que las han tumbado en propuestas de distribución y exportación, hasta que prácticamente se quedaron con el mercado local. Hoy incluso afrontan una demanda judicial de una empresa que reclama la exclusividad de uno de sus productos bandera. Pasaban ya pasó, la barrera de los veinte años en el mercado y tiene un puesto de venta en el aeropuerto Los Cedros de Carepa, donde el público los prefiere por la labor social que cumplen, sus ventas allí son buenas, en Medellín hay otro punto en el aeropuerto que se llama Ebocados, en Turbo existe otro punto de venta y en el supermercado Los Ibáñez de Apartadò. 

El fruto de la cosecha
Tal vez el patrimonio más grande de Compartir, es su buena reputación y la confianza ganada en sus 25 años de existencia, la hermana Carolina no disimula su satisfacción ante ese buen nombre y afirma: “Todo el dinero del mundo no alcanzaría para lo que queremos, pero en la medida de lo que recibimos lo entregamos a los programas y realizamos cosas muy lindas que quienes se atreven a apostarle quedan contentos, le apuestan al trabajo con la Fundación, porque saben que lo que aquí pongan aquí se ve, aquí cada centavo, o cada peso se convierte, no solo en pesos, sino en millones” 

En Compartir no todo ha sido color de rosa, cuando los apoyos de España y otras empresas de la región flaquearon, la incertidumbre llegó, la estabilidad de los hogares tambaleó, luego en medio de esas angustia surge otro mecenas desde Bogotá les tira un salvavidas y las aguas turbulentas se van amainando. 

Entre los momentos de angustia, la religiosa cuenta: “momentos difíciles, los que viví escuchando a las viudas lógicamente en la época en que llegaban por cientos, escuchando sus relatos y sus situaciones y la impotencia a veces para ver cómo les dábamos solución; pero también momentos de mucha alegría cuando lográbamos dar soluciones” 

Como la violencia en Colombia no parece tener fin, aún siguen llegando viudas y huérfanos a Compartir, al parecer por efectos de la delincuencia común, aunque ya no los desfiles de la década del noventa y eso reconforta a la hermana Carolina, le da una tregua para tomar impulso y seguir el camino. “Hoy tenemos otras violencias, otras carencias “Dijo. 

Cuando la semilla cae  en tierra abonada

Y para cerrar este reportaje, la hermana Carolina María dejó el siguiente mensaje: 

“Yo quisiera decirle no solo a Urabá sino al mundo, que hagamos acciones que busquen la paz, que no fomentemos la violencia de ninguna clase, no solamente la violencia política sino todo tipo de violencia, que luchemos por la paz y por el bienestar, que trabajemos por los niños y que pensemos en ellos para que les construyamos un mañana más justo, más humano y más fraterno y les diría a todos con respecto a la Fundación, que no duden, no importa que no sea Compartir, en dar su apoyo por programas que busquen la solución de los problemas más apremiantes de la población menos favorecida, brindémosle la mano a quien nos pide el apoyo, Compartir está ahí para que todos los que quieran llegar para aportar a los que no tienen, aquí estamos”. 

Compartir ha recibido durante estos 25 años, generoso apoyo de la empresa privada, del sector público, de personalidades, de la comunidad internacional, de los medios de comunicación, una larga lista que por temor a no citar a alguien comprometido con estos respaldos, mejor la omitimos. 

Y la hermana Carolina, se va recordando una de sus canciones favoritas: “Los caminos de la vida, no son como yo pensaba; no son como imaginaba…”