viernes, 22 de febrero de 2013

Desde La Picota no montan alcaldes

A los jueces de la república, les faltó un “miquito” en sus sentencias, exigirle a los condenados pedir disculpas a la sociedad, por haberle fallado, como han hecho en otros casos.

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez
Columnista EL PREGONERO DEL DARIÉN


Por estos días regresan a la región, algunos ciudadanos que han pagado sus condenas por los delitos imputados, han negociado sus condenas con la Fiscalía, han confesado los hechos, aceptado los cargos y han obtenido amplias rebajas en sus penas, y eso es legal, por estar consignado en nuestra legislación.

Le ha faltado eso sí a los jueces encargados de impartir justicia, ordenar en los fallos a estos ex convictos, disculparse con la sociedad ofendida, ya que ellos no tienen esa humildad y grandeza para hacerlo a voluntad, como sería más elegante y digno para ellos.
 
Por ejemplo, el Ejército Nacional, se tiene que disculpar por una masacre ocurrida en el corregimiento de San José en Apartadó, en la cual estuvieron involucrados algunos de sus miembros, varios ya condenados, incluso en sentencia anticipada al aceptar los cargos y otros en proceso; el Papa Benedicto XVI, al abdicar al Trono de San Pedro, dijo con toda humildad: “Pido perdón por mis errores”.
 
Pero en Urabá algunos líderes creen que desde La Picota, aún se montan alcaldes como en otros tiempos, creen que la sociedad no ha madurado lo suficiente para calificar cada día más su voto, al menos el de opinión que crece; que la nefasta época del todo se vale concluyó, para la gloria de la patria: “Sigan votando las leyes, mientras los meten a la cárcel” gritaba el energúmeno sujeto, a quien le decían jefe de estado. Por fortuna cesó la horrible noche.
 
Todo esto me lleva a recordar una vieja anécdota protagonizada por Estanislao Zuleta, cuando una vecina lo buscó para que defendiera a uno de sus hijos que acababa de matar a un muchacho y el abogado le responde con toda la parsimonia: “ Su hijo ha ofendido la sociedad y tiene que pagar por eso”, creo que fue el primero y el último caso que el honrado abogado recibió en su vida.
 
Cuanta humildad y decoro le falta a nuestros dirigentes, aquí arman caravanas y homenajes para acabar de agraviar más a la sociedad ya ofendida, para acabarla de ofender más y tienen el descaro de decir que quienes negociaron sus penas con la Fiscalía, confesaron y obtuvieron rebajas, son perseguidos políticos por la justicia. Ahora les quedamos debiendo.
 
Además, como estamos en un Estado tan frágil, estos señores con sus celulares y por las redes sociales, hacían desde La Picota todo tipo de proselitismo, organizaban componendas y montaban candidaturas, presentaban a los herederos de sus feudos políticos.
 
Por fortuna estos métodos de hacer política están quedando atrás, la sociedad madura, lentamente, pero avanza, fuera de unas parcelas que conservan a punta de tamales, ron y mentiras, el voto calificado se abre paso en medio de toda esta porquería.
 
Las ideas, las buenas costumbres, los programas de gobierno realizables, se están imponiendo en grandes ciudades del país y esa ola renovadora se abre paso en las regiones, cerrándole el camino a las viejas prácticas de la corrupción, el clientelismo y los desmedidos apetitos personales. Tenemos la plena seguridad que las tesis de La Picota no se impondrán en Urabá, durante las próximas elecciones, porque los ciudadanos y las ciudadanas cada vez están mejor informados y ya saben a qué a tenerse.

Estos auto homenajes y caravanas montadas por politiqueros de oficio producen asco y repugnancia, molestan a la sociedad de por sí ya ofendida y ultrajada.