sábado, 15 de junio de 2019

Mi hijo escribió mi propia crónica

Emotiva presentación de mi libro Crónicas del Camino Tomo II, por parte de mi hijo Wilmar, quien hizo un crudo relato de los pasajes más importantes de mi existencia, lo cual me llena de orgullo y compromiso con la sociedad y la familia. 

Por: Wilmar Jaramillo Velásquez-columnista EL PREGONERO DEL DARIÈN

Cual sería mi sorpresa el pasado 31 de mayo cuando nos aprestábamos a la conmemoración de los quince años de la fundación de nuestro periódico EL PREGONERO DEL DARIÈN y la presentación de mi libro Crónicas del Camino Tomo II, esta última parte a cargo de mi hijo, Wilmar Jaramillo Gaitán quien terminó escribiendo mi propia crónica. 

Seguramente son hechos banales, sin importancia para la mayoría de los lectores, pero para mí encierran momentos de gran relevancia, los cuales no solamente fortalecen mi carácter y temple, sino que afinan mi compromiso familiar. 

Mi hijo que de paso sea dicho, es un hombre consagrado a la academia, psicólogo de profesión y especialista en educación, con magníficas relaciones profesionales y humanas con el estudiantado, hijo, padre y esposo ejemplar, fue narrando una a una todas mis peripecias en el trasegar por este mundo, cruel a ratos, pero lleno de posibilidades y gratos momentos en la mayor parte del tiempo vivido. 

Terminó relatando, desde la estrechez económica en la casa de la infancia, la temprana partida de mi padre y las peripecias de un puñado de hijos, todos adolescentes para sobrevivir, sin un empleo, sin una moneda en el bolsillo. 

Tal vez la más dramática y que me marcaría de por vida, cuando me expulsaron de un colegio, no por mal comportamiento o mal estudiante, sino por no tener un uniforme para educación física, narró la experiencia de mi trabajo de fundidor de metales, cuando me dediqué a la fabricación de utensilios de aluminio, cuando ingresé como vigilante a un periódico en la ciudad de Pereira y como en los ratos que podía robarle al oficio, me dedicaba a escribir y como desde ese escenario escribí un cuento que resultó  ganador en un concurso departamental. 

Cargado de emoción explicó que desde ese momento, me pasaron a la planta de redacción de dicho periódico, allí ocupé varios cargos, hasta el ingreso a la universidad donde, logré obtener el título de comunicador social periodista, convirtiéndome en el único de los siete hermanos, en haber logrado concluir una carrera profesional. 

Fue grato para mí, ver a mi hijo relatar con orgullo los pasos nada fáciles de su padre, le agregó con toda generosidad mi función de padre y de abuelo, lo hizo con la sinceridad del hombre que tiene la certeza de lo que está diciendo. 

Valoro mucho la remembranza de mi padre José, quien nos dejó impreso el sello de la honradez, la responsabilidad, el amor por el trabajo, que fueron los mismos valores que le he transmitido a él y desde luego a Natalia, la lucha y el rechazo a la opresión, a la injusticia, la solidaridad y el gran placer que significa dar, dar sin interés, sin protagonismo, lo mismo que espero, ellos le transmitan a mis nietos, Santiago Nicolás y Matías. 

Con esto, uno diría que valió la pena el tránsito por este mundo, legar una semilla fecunda, siempre en pro de la humanidad, desde las áreas en que nos desempeñemos. 
No me avergüenza para nada mis raíces humildes, ni el pasado vivido, por eso la emotividad cuando mi hijo, hizo en público estas revelaciones totalmente desconocidas por mis amigos y mis críticos. 

Lo único que no aprendí fue a robar, hacerle travesías y saltarme la ley para hacer negocios personales, a buscar la plata fácil, y por eso me han calificado hasta de tonto, pero preferí pasar por tonto, no por ladrón y hoy escuchar en vida las palabras alentadoras de mi hijo, ser su referente, caminar tranquilo por los lugares más azarosos e inhóspitos por los que he transitado, sin temor a que me pasen cuentas de cobro por mis acciones. Esa tranquilidad es invaluable, no se tasa en metálico porque son fortalezas del alma. Gracias Hijo, yo también estoy orgullo de usted.