domingo, 14 de abril de 2019

La corrupción sigue ganando espacio

Crece la incertidumbre frente al avance de la corrupción en Colombia y Urabà no escapa a ese cáncer que parece ganarle la batalla a la institucionalidad, también ella responsable de su apogeo.

                                       
Wilmar jaramillo Velásquez 

Editorial abril de 2019: 

No sin razón, destacados analistas del país confiesan aterrados como la corrupción poco a poco va ganando la batalla en Colombia y como las autoridades encargadas de combatirla, no solamente van cayendo permeadas por el delito, sino que se han vuelto inoperantes para investigar y castigar severamente a los responsables. 

Pero esto tampoco debe sorprender en una nación donde, primero se hace una consulta popular para preguntar sí apoyamos o no a los corruptos y segundo, las mayorías en las urnas derrotan las propuestas anticorrupción. Ahí está dicho todo. 

Las gabelas jurídicas que tienen los corruptos, desde centros de reclusión especiales para ladrones de cuello blanco, hasta un aparato judicial hecho a su medida, les permiten moverse airosos burlando la sociedad y prácticamente humillando al estado. 

Los corruptos tienen a su favor una justicia hecha para perseguir al más tonto, al más débil, al que no tiene padrinos en las altas esferas del gobierno, una justicia clientelista, clasista retaliatoria, corrompida como todo en Colombia, desde modestos funcionarios de pueblo hasta encopetados magistrados de las altas cortes, donde todo se vende, todo se compra. 

Los despachos judiciales atestados de denuncias, por diversos actos de corrupción con abundantes pruebas, duermen en la Contraloría, en la Fiscalía General de la Nación y en la Procuraduría, sin ser resueltos, la mayoría esperando vencimiento de términos para su archivo y en los peores casos bajo funcionarios carcomidos por el delito negociando los procesos. 

Urabà no escapa a esta tragedia institucional, la Procuraduría Provincial, es inoperante, es un saludo a la bandera, su balance no puede ser màs pobre, diferentes sectores de este municipio llevan tres años denunciando hechos graves de corrupción, con pruebas adjuntas, de cómo se pierden los dineros de la educación, de los impuestos, de la salud, de los alimentos de los niños, de cómo los funcionaros públicos participan activamente y de frente en la política partidista, pero nada que actúan, simplemente los procesos duermen, hasta que los archivan , o los responsables son discretamente absueltos y los denunciantes amenazados de muerte, intentando silenciarlos. 

Esto desmotiva al ciudadano a denunciar, hay mucha publicidad de los entes de control, para que se denuncie la corrupción, pero poca eficacia para investigar, la comunidad ve impotente como todo se lo roban de la manera más impune. 

Se desmoraliza el ciudadano cuando desde Bogotá, el Contralor General de la Nación o el Procurador anuncian en flamantes ruedas de prensa su “guerra frontal contra los corruptos”, pero no hacen seguimiento riguroso a sus subalternos, sería bueno que algún día levantaran la alfombra de sus despachos, aunque no soporten lo nauseabundo de los olores.