martes, 10 de julio de 2018

Viaje descalzo por la tierra de mi memoria

El poeta, escultor, educador y pintor, emprende un viaje por sus ancestros, sus recuerdos y su pasado labriego: En el corazón del monte: Viaje descalzo por la tierra de mi memoria.

Ivan Graciano Morelo Ruiz


Por: Ivan Graciano Morelo Ruiz
Especial para EL PREGONERO DEL DARIÈN

Apenas me bajo del rústico campero que en mi tierra llamamos UAZ, siento el calor familiar que abraza mi piel, el viento juega alrededor de las vueltas de mi sombrero vueltiao. 

Camino a mi vereda, vislumbro a lo lejos los altos árboles de caracolí, choibá, canime, santacruz y olleto, guardianes gigantes del monte. Después de pisar mi tierra, decido emprender el viaje monte adentro a pata pelá, como decimos por aquí. 

                                                    La siesta y espacio para la lectura

Mis hermanos me recibieron con comida campesina y unas sabias palabras de bienvenida, como comunión familiar. Me cuentan que las cosas han cambiado desde la última vez; que no me confíe de la aparente calma bucólica del paisaje. Las culebras mapaná, enrolladas bajo las hojas secas y las raíces de los troncos, apenas se estremecen. Los insectos susurran desde la sombra; los cocuyos, fieles amigos de mi hermano Javier, encienden sus diminutas lámparas y parpadean desde el tupido ramaje de los árboles. He llegado a mi vereda, a la tierra de mi memoria. 

Los niños salen a recibirme con sus sonrisas blancas, amorosas, y noto que en sus ojos titila la luz inextinguible de la esperanza. Con ellos asistimos a una importante reunión con las tortugas morrocoy que crían para mantener viva la especie de esos simbólicos, poderosos seres. Mi corazón se conmueve al ver que todas las tortugas asoman su cabeza, como queriéndome saludar, como intentando contarme algo, intuyo. Algo armónico sucede en el cosmos, en mi espíritu, cada que estoy con mis amadas morrocoyes. Se siente un renacer… 
                                                                Un cuadro familiar

Desde la hamaca, reflexiono: Algo esperanzador tenemos que construir más allá de los vientos siniestros que se avecinan por el frente derecho, muy a la derecha. Nos han ocupado los salones de las leyes, pero tenemos el campo. Nos han dado la espalda los políticos, pero tenemos las incansables y sabias manos de los campesinos. Es allí, en el campo, donde debemos comenzar a forjar nuestra esperanza, abrir nuevos surcos donde la semilla de la paz inaugure un nuevo tiempo. 

Debemos unirnos alrededor de un desarrollo sostenible y rentable para todos. Para ello, los campesinos requerimos de subsidios que garanticen nuestra dignidad humana, como el crédito estatal a bajos intereses, no como ocurrió con el mal llamado "agro ingreso seguro”, que benefició de manera tramposa al sector más privilegiado, y no vamos a permitir que esto suceda en este gobierno. Somos más de 8 millones de colombianos que estaremos muy atentos, vigilantes de nuestros recursos y derechos. Colombia no tiene porqué continuar importando alimentos que tradicionalmente cultivamos en nuestros campos, como el maíz, el arroz, el café entre otros. Las tierras fértiles e improductivas hay que aprovecharlas en beneficio de todos los colombianos, y para eso nuestros campesinos necesitan garantías. Tenemos que gritar con las entrañas NO A LA MINERÍA, esa minería que ya se ve venir encima de nuestra vereda "La mugrosa", ya que al parecer, con complicidad de un político, vendieron un título minero en esta zona, a espaldas de la comunidad. 
  Faenas  que no se olvidan

Nos están hiriendo la tierra. Lo veo y lo siento bajo mis pies descalzos que pisan el polvo, el barro y la hierba de mi tierra. En la siniestra época del desplazamiento forzado cometido-soy víctima de ese horror- por hombres criminales, mis familiares resistieron, no salieron corriendo y prefirieron quedarse con sus muertos, que hoy reclaman justicia. Yo sí tuve que salir del monte al que hoy regreso; salí a estudiar, a prepararme, a formar una conciencia crítica y reflexiva en defensa de mi gente campesina. Es una tarea ineludible que un hijo de campesinos honestos y trabajadores, reivindique siempre el honor y honra de sus seres queridos, vivos y muertos. Heme aquí padre Jacinto, heme aquí hermanos, tíos, primos y paisanos muertos, habitantes del corazón del monte, que aunque están en la otra orilla del río de la vida, no se han ido del todo, siguen defendiendo la memoria y la tierra. Con la unión de la familia y los vecinos veredales, unión guiada amorosa y espiritualmente por Madre Milda, y acompañados de mis hermanos: Javier, Róbinson, Manuel, Sandra Patricia, entre otros seres de mis afectos, fortaleceremos la memoria de nuestros ancestros, desenrastrojaremos el camino para que los niños y jóvenes transiten hacia el porvenir, hacia la vida digna, hacia la merecida PAZ.


  Una mujer que vale oro en el campo

He visto reunidos bajo el palo de mango del patio, a Pedro, Cristóbal, Marta y Raquel, seres queridos venidos del otro lado del río a rodear con amor y sabiduría a nuestras valientes jovencitas campesinas de monte adentro, entre ellas mis sobrinas de las veredas de San Juan de Urabá, quienes me contaron que en una clase de sociales, se suscitó la pregunta de que si ellas pudieran votar, por quién lo harían; todas las estudiantes, unidas en una voz, contestaron que votarían por la Colombia Humana, porque veían en el candidato Gustavo Petro mucha esperanza para ellas. No así en el candidato uribista, porque seguía representando para ellas el peligro, el miedo, ya que los hombres criminales que rondan la región, suelen abusar de las adolescentes, e incluso violarlas, embarazarlas. Sin duda, fue por eso que en mi familia tomamos la decisión de llevarnos a tres sobrinas a estudiar a otro lugar, a que conocieran otras fronteras de paz y conocimiento. 

  La tumba de los mayores

En mi tierra, en el corazón del monte promisorio, los niños no quieren más guerra. Los niños quieren estudiar. Los niños huérfanos por la reciente violencia campesina, van a los cementerios veredales, le prenden velas a sus padres asesinados y les piden que los ilumine y los guíe por senderos de paz. 

  La fe

He caminado descalzo por entre el monte de mi infancia, monte de mis ancestros, monte de mi gente ida; la tierra que congrega las semillas de los alimentos, los huesos de mi gente, las rutas secretas quizá de un jaguar, de los animales del subsuelo la están hiriendo, la están revolcando, y eso mis muertos, los niños, jóvenes y matronas de mi tierra, nunca lo vamos a permitir: Hemos iniciado un tiempo de resistencia, de construcción de esperanza, a pesar de los oscuros vientos que soplan. Montado a lomo de un burro de mirada noble y sabia, emprendo el regreso hacia el reencuentro con mi compañera Alba Rocío y mi hija Yajaira, junto a mis libros, mis pinturas y esculturas. Pero en mi corazón llevo mi monte y mi gente, sus requerimientos, porque sus anhelos son también los míos. 

Los herederos  de las tradicciones
 Recuerdos perennes
 El legendario espantapájaros

San Juan de Urabá, junio 29 de 2018